Canciones para el solcito: “Young Folks”, de Peter Björn and John

Congamag_Canciones para el solcito - Young Folks

Divino Tesoro

Young Folks es de esas canciones para el solcito que, tragos en mano, amigos agitando, te van transportando mansamente hacia la noche y sus posibilidades. No debe faltar un Ella y un Él en la historia (cada uno elige el género a su antojo existencial), tampoco las declaraciones de amor aparentemente circunstanciales:

Él: “Si te dijera cosas que he hecho en el pasado,
te dijera cómo solía ser,
¿saldrías acaso con alguien como yo?”.

Ella: “Yo saldría con alguien como vos,
no importa lo que hayas hecho antes,
o con quien estuviste andando,
podemos quedarnos y ver qué tal esta noche”.

¿Vieron? Es de esas. Un poco ingenuas y sonrientes, como solemos recordar las tardes con amigos y conocidos pulsando el pasto bajo el sol, siendo escogidos, cazados, dejando apenas huella del momento en el universo, colgando suspendidos mientras escuchamos canciones lindas y nos miramos cómplices con esos amigos y miramos de reojo por última vez a la persona que nos gusta (no queremos levantar taaantas sospechas), hechizados y consumidos de alegría hasta el ‘hola, ¿qué tal?’ de la noche. Palpando, en esa transición, las heridas que fueron curadas, esperando ser confundidos, acusados, maltratados y pisados otra vez por el amor. Y por cada persona que valga la pena en todo el ancho cosmos. Sintiendo a la libertad resplandecer por dentro hasta que explotan los dientes. Riéndonos de los militares y de la policía. De todos los vigilantes. De los vecinos. Sublimando las cosas etéreas y las cosas toqueteables que deseamos. Esos caprichos necesarios. Pensando en las posesiones que nos copan del otro y en las declaraciones irrefutables: “Un día me enamoré de tus zapatillas y no puedo parar de soñarte”.

Congamag_Young Folks - Canciones para el solcito

Porque los muchachos de Peter Bjorn and John se dieron cuenta. ¿De qué? De la primitiva y bella levedad silbada de la canción, a cargo del baterista John Eriksson, que, en realidad, la grabó como quien se ata una cinta para recordar algo, por ejemplo, la inclusión de otro instrumento en su lugar a la hora del registro final. Entonces la guardaron en Writer`s Block, buen disco de 2006, tildado, también, como la maravilla de un solo éxito.

Y así surgen las grandes canciones, y no sólo de tropezarse con un silbido irresistible, sino de las pequeñas love story, que si se cantan a dúo (y si Ella es Victoria Bergsman de The Concretes), sobre una nada complicada línea de bajo muy post punk, amparadas por meticulosas percusiones tribales y cariños de un sol primaveral, mejor. Mucho mejor.

Por Martín Brossard

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