The xx: Heridos de sombras

Decíamos: Los pibitos británicos editan Coexist, un disco plagado de minuciosas fantasías neo-darks. Y así es, tanto en su sonido, una llanura incesante desgarrada de horizontes oscuros, una mansa penumbra casi nunca épica, como en sus letras, des-amorosas, que parecen decir entrelíneas “esa dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada”. O potenciada, pensamos. También pensamos en unos The Cure sin frontman fijo y sin grandilocuencia pop. Pensamos en unos chicos, heridos de sombras, fundiéndose en una sola entidad. Pensamos en un felino de tres cabezas caminando en las tinieblas, sólo con su alma, imponiendo su dolor por las calles borrosas-silenciosas de la madrugada.

En este segundo disco, cuyo desafío, tras el excepcional debut xx, puso al trío cara a cara con la emocionante tarea de superar las expectativas de todos nosotros, la cosa no cambió mucho. O bien mutó, en consciente progresión, pero desde el interior de su imaginario. Y lo que podría haber sido un ‘más de los mismo’, aburrido y calcado, en realidad se presenta familiar, aunque auténtico como un nuevo sueño dentro del sueño. Jamie Smith: “Ha habido momentos muy duros, pero podía haber sido mucho peor. Han pasado un par de años desde el primer disco y teníamos que empezar desde cero. Pero al final hemos conseguido que todo sea bastante natural”. Oliver Sim: “No hubo un gran plan cuando nos sentamos a hacer el segundo disco. No discutimos mucho hacia dónde ir. Somos todavía el mismo grupo y lo que tenemos llegó de manera natural. Nos metimos en el proyecto con la misma idea de la primera vez. Teníamos nuestras voces, las guitarras… Salió así de manera orgánica. Queríamos pasarlo bien y que saliera de manera natural”. Una primera y rápida conclusión acerca del logro consumado se encierra, entonces, en una palabrita: “Natural”.

Algunos especulaban con que esta continuación estaría influenciada casi totalmente por las andanzas semi-solistas de Smith como productor y DJ, pero el gatito de tres cabezas que los representa se encargó de desordenar dichas certezas (“La música todavía suena a nosotros”). También de reírse de los rumores de un álbum de música club. “Nada de eso”, aseguró el felino, chequeando a todos los interlocutores. Quizás sí sea música para la salida de las discotecas, cuando los cuerpos vuelven mudos a las casas, para ese trayecto confuso, casi quejumbroso, de pérdida y resquemor amoroso. Muy ‘fin de fiesta’, muy ‘oh, a la realidad ya no la pincha el DJ Cool de turno…’. Y casi todo en las letras tiene que ver con el amor trunco, con esos hermosos corazones pertrechados y con cómo afrontar las situaciones que, de tan extremas, terminan trágica o violentamente.

Recordemos que ya pasaron tres años desde aquella primera entrega, y en todo ese tiempo la experiencia los ha nutrido como ejecutores de sus viejas canciones tanto como compositores de las nuevas (Romy Madley Croft: “La verdad es que me siento mucho más confiada a la hora de tocar. Nosotros no éramos como grandes músicos cuando empezamos, pero ahora me encanta tocar, hemos ganado mucha confianza”). Y, aunque lo disimulen de común acuerdo, nosotros no podemos negar que el gusto de Smith como productor para entregarle el Reino de las Canciones a las bases está ahí. El pibe comanda Chained, uno de los cortes, a puro ritmo y beats. Los otros recursos de la banda, una única y fugaz línea de guitarra, los vaivenes vocales entre Romy y Oliver, especies de reproches a flor de piel en plan drama queen tras un baño sedado, y no mucho más, suman lo suyo para el resultado final. También queremos hablar de Sunset, donde sube sube sube el calorcito con un bajo bien sexy y picarón, deudor del funk, y una percusión rigurosa. Y de la casi house Swept Away, en la que Romy, arengada por cierta confianza, se revela como una diva durante varios compases. De Fiction, cuyo protagonista es un Oliver seguro de sí mismo, buceando en su registro más bajo, su ánimo de barítono. Tenemos a Reunion, un tropi-dark guiado por los tambores metálicos de Smith. Y terminamos con la que abre el álbum, Angels, de una belleza serena, mimada con silencios inquietantes, y susurros indescifrables ejecutados por Romy. Todas éstas, piezas destacadas, ya clásicos de su mínima discografía, que resaltamos sin temor a equivocarnos.

Las bondades de The xx están a pleno en Coexist. No sabemos qué pasará en sus próximos discos, es más fácil, y más seguro, claro, hablar del pasado, aunque sea ultra reciente. Aquí y ahora sólo nos entregamos a la intimidad de sus once últimas y meticulosas canciones, que nos prodigan, oscuridad más, oscuridad menos, una luminosa felicidad.

Por Martín Brossard

Aquí les dejamos una canción inédita, Reconsider, bonus track que viene sólo en la edición japonesa del disco, y un remix fresquito de Angels a cargo de Four Tet:

 

20/09/12

Y aquí, un concierto muy especial de la banda, con más de 40 minutos de episodios sinfónicos, grabados apenas una semana después del lanzamiento de su segundo disco, el 19 de septiembre, mostrando una colaboración junto la Orquesta Filarmónica de la BBC, en Bridlington, Inglaterra, como parte de la segunda edición del festival BBC Philharmonic Presents.

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