Phil Spector_Tan Posh por Martín Brossard

PS

Wonderwall

“Uno vive entre los muros que se construye”, habrá pensado Phil mirando de reojo a los compañeritos de penal hace unos meses, luego de que lo trasladaran muñeca con muñeca desde el estrado llevándose consigo una condena de 19 años, esa mujer que nadie desea. “Aquí te matarían por un plato de sopa”, se supo que le dijo en una carta, exageraciones más exageraciones menos, a un amigo publicista, un buen entendedor del medio paparazzo, que la hizo pública hace unos días. Nuestro Phil, el productor que encerraba canciones de los ex Beatles o un tal Leonard Cohen entre paredes y paredes de sonido, hoy anda loco un poco por los pasillos del complejo carcelario (“nido de víboras”, pinta Phil) despotricando, en voz baja y sin coros claro, que deberían moverlo (no, a eso no se refiere aún) durante el proceso de apelación a “una prisión mejor, con gente más similar a mí; y no con estas basuras de vida baja, gangsters y este tipo Charles Manson”.

Spector-Lennon

John Lennon and George Harrison in 1971 recording Oh My Love        John Lennon and George Harrison in 1971 recording Oh My Love (1)

Pero ¿qué hizo Phil con sus 69 pirulos pirados para merecer esto? ¿Se cargó revolver en mano a una star cuarentona del cine clase B de Los Ángeles? Oh, sí, también se merecía mecerse en la vejez la ignota señora, por supuesto. No vamos aquí, nosotros, unos desfachatados despampanantes, amparados por la distancia redentora, a pedir la absolución de un troesma, no, no, no. Además, le queda (nos queda) el peligroso y familiar consuelo de un posible disco de versiones beatles con el sectario Manson (celebridad en Norteamérica por su operación cerdo / celebridad en Sudamérica por haber inspirado la babasónica Sharon Tate). Qué ruido el destino de Phil, che. Se pasó la vida levantando medianeras para encerrar su idea de paraíso en las listas de Billboard y esta vez se quedó del lado B, en el que para él sólo iban los descartes. Porque del lado A se quedaron las burbujas narcóticas, su boba levedad y su esposa 10 años mayor que su condena y 10 veces menos boba que su levedad que conduce (pobrecita, apenas lo pensamos y un lagrimón se hace canción) los 600 kilómetros desde su hogar en Alhambra dos veces a la semana para visitarlo, y le lleva comida envasada, así no tiene que ir al comedor con los demás presos que aborrece.

Spector-Harrison

“Anda acostumbrándote, papito” (aquí traducido al español latino), le escupe la ninfa acalorada, muy suelta de lengua y de ropa la feliz ingrata, “porque mira que no podrás intentar la libertad condicional hasta tus 80”. Y Phil, que al parecer no escucha bien por tanta guitarrita multiplicada, tantas capas de cuerdas indescifrables y tanto colchón de pianos y synthes en su vida, se la queda mirando en babia mientras le dice que ella es un soldado musical, no, ¡un ejército!, que cada vez que vuelve a verla “es como si su wonderwall soñada se hiciera realidad”.

Martín Brossard

Phil Spector

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