Rosario Ortega, entre París y Entre Ríos

La fille coupée en deux

En Conga tenemos una lista de prioridades: “Lunas, marfiles, instrumentos, anillos de música, lámparas y rosas”. Si Rosario Ortega fuese una reina fraguada por Shakespeare, este le haría decir: “Dios, haciendo rosas, hizo mi cara”. Pero como ella conoce la sabiduría de la humildad, no lo dice. Rosario canta. Hace poco lo probó en un estudio de París, ante la mirada del guitarrista de Norah Jones, Jesse Harris que, pobrecito, debió fingir que existen otras chicas lindas. Ahí grabaron esa clase de canciones que te hablan al oído y te convencen de cualquier cosa. Luego anduvo muy venturosa de sello en sello para darle cuerpo a su primer disco solita. Sí, solita. Porque también la llamaron Sebastián Carreras y Gabriel Lucena, artífices del grupo Entre Ríos, para interpretar todo su último anillo de música (¿o qué otra cosa es un disco pop?), que editan el 20 de septiembre. Así está hoy Rosario, la mujer cortada en dos.

 

 

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